HONORIS CAUSA SINE HONORE PRESENTATIO

Antes de empezar debo aclarar un par de cuestiones importantes: la primera es que no recuerdo ya nada del latín de bachiller, por lo que lo más probable es que la frase que da título a este comentario esté mal traducida. La segunda, vital para mi supervivencia, es que aquí no se habla de arquitectura; ni siquiera de arquitectura del paisaje. Esto va de actitudes, de falta de respeto, de mala educación. De una respuesta hostil absolutamente fuera de lugar. Tengo claro que en este país los infieles no podemos opinar sobre determinado temas, aún siendo conscientes de que de la libertad de opinar no se sigue la verdad de la opinión.

Dicho lo ello, como dirían Martes y 13, paso a relatar lo ocurrido en una ceremonia de otorgación de honores en la que no todos estuvieron a la altura del honor que se concedía.

El pasado miércoles 24 de junio tuvo lugar el acto de investidura de la paisajista Kathryn Gustafson como Doctora Honoris Causa por parte de la Universidad Politécnica de Valencia, a propuesta de la Escuela de Arquitectura y con el apoyo de varios Colegios de Arquitectos, el Consejo Superior, Escuelas de Arquitectura, etc.

Durante los días previos al acto, la Universidad difundió la correspondiente nota de prensa, en la que se comunicaba el nombramiento Honoris Causa de la famosa arquitecta por su espléndida obra de paisajismo arquitectónico [sic]:

Katryn Gustafson, referente del paisajismo arquitectónico moderno, investida doctora ‘honoris causa’ por la UPV: La arquitecta Kathryn Gustafson ha sido investida como doctora honoris causa por la Universitat Politècnica de València (UPV) en un solemne acto que ha tenido lugar en el Paraninfo del edificio de Rectorado. El nombramiento nace de una propuesta del Departamento de Proyectos Arquitectónicos UPV, que ha contado con el apoyo, entre otros, del Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España y los colegios territoriales de arquitectos de Valencia y de Castellón. Auténtico referente del paisajismo arquitectónico moderno.

 Hay que recordar que Gustafson se ha quedado sin poder dirigir su proyecto del Parque Central de Valencia ya que su profesión de Arquitecta del Paisaje no tiene reconocimiento legal en España (no es la primera vez que ocurre en España con grandes nombres de la arquitectura del paisaje internacional, después de ganar importantes concursos). Quizá por eso, quizá por la insistencia en presentarla como arquitecta (toda la prensa se limitó a difundir el comunicado de la Universidad, sin pararse a mirar siquiera un minuto en Google) el caso es que en las dos ocasiones en las que la Sra. Gustafson tuvo la oportunidad de dirigirse a los presentes, tanto en la rueda de prensa como en la ceremonia protocolaria, hizo una defensa contundente de la profesión, de la formación y de los beneficios de contar con la arquitectura del paisaje en cualquier proceso de desarrollo urbano. Y no parece que le sentara muy bien a quienes la propusieron para el magno nombramiento.

Estas notas no pretenden discutir si tiene o no razón, ni entrar en la cansina y estéril discusión acerca de la falta de reconocimiento, formación superior pública y de regulación de esta profesión. Trata de la actitud de la Universidad tras las palabras de la eminente paisajista.

Ya en la rueda de prensa comenzó presentándose como arquitecta del paisaje, al tiempo que recordaba los más de cien años transcurridos desde que comenzaran los cursos de grado en Harvard. Un grado anterior incluso al de urbanismo (el grado de Town Plannig se segregó del grado de Landscape Architecture en 1923). Habló de la importancia que la profesión tiene en muchos países donde se encuentra reconocida, reglada y hasta protegida al más alto nivel. Hasta dejó caer que si queremos futuro, ya sabemos lo que tenemos que estudiar. (Y dejar ejercer, supongo)

Habló también de las numerosas Universidades que lo imparten por todo el mundo (alrededor de 500), donde siempre es un grado, a veces de hasta cinco años de duración. No es, dijo para quien quisiera entenderla, un añadido o un postizo a otras carreras técnicas. Cuando le recordaron que no está en la dirección de las obras del Parque Central, abogó para que este país reconozca la profesión de una vez, al tiempo que, mirando al Rector allí presente, se preguntaba que para cuándo un grado en Arquitectura del Paisaje.

Habló del cielo, donde comienza nuestro trabajo, -será aquella línea de la que tanto hablaba Corajoud? y de la responsabilidad que tenemos ante la necesidad de dar soporte tanto a lo natural como a lo cultural, si queremos “soportarnos” a nosotros mismos en el futuro.

Luego, la rueda de prensa continuó con las lógicas preguntas de los periodistas asistentes respecto al futuro del proyecto del Parque Central, del nuevo alcalde, y del posible cinturón verde del que ahora se habla en la ciudad. Con mucha educación respondió y agradeció a todos sus preguntas. Quizá, como detalle, su comentario acerca de los anillos verdes: no sirven de nada si no conectan los sistemas naturales con la ciudad y, si es posible, con el centro de la ciudad. A lo que añadió: ustedes tienen alrededor de la ciudad una huerta que sería la envidia de cualquier ciudad del mundo, que podría ser una estupenda fuente de ingresos para todos si fueran ustedes  capaces de fundir conservación y producción. Hay que protegerla pero también hay que procurar que funcione. Que sea una importante fuente económica no solo de alimentos (que deberían ser conocidos y reconocidos en todo el mundo)  si no yendo más allá, casi una atracción turística, con todos sus servicios. Y terminó  comentando que, además, tenemos un cauce convertido en jardín que cruza la ciudad pasando casi por el centro. Vamos, que no nos podemos quejar. Tan solo hay que ponerle ganas. Empujar, dijo textualmente.

Y luego vino la ceremonia interminable. Me gusta el protocolo y las tradiciones. Así que disfruté como pude mientras el Rector coronaba nuevos doctores durante casi dos horas. Por fin llegaron las palabras de presentación de la nueva Doctora Honoris Causa leídas por su mentor, el director de la Escuela de Arquitectura. Y de eso es de lo que tratan estas líneas.

No parece que sentaron muy bien las palabras de K. G. durante la rueda de prensa y supongo que esperaban que las repitiera en el paraninfo, delante de todos los nuevos doctores, sus padrinos y familiares. Así que la presentación podía tomar dos caminos: el correcto y el “fuera de lugar”. Y el Director optó por el segundo.

El correcto: podía haber agradecido las palabra de Gustafson, decir que tomaba nota, que hablaría con el Rector, etc. Incluso lamentarse de que hubieran trascurrido tantos años sin un grado de paisajismo en la Universidad. Hubiera quedado como un Señor. Al fin y al cabo al día siguiente nadie se iba a acordar de aquello y todos sabemos a ciencia cierta que jamás veremos ese grado en la Universidad. Como mucho, habría tenido que aguantar las pullas de sus colegas ante la elección de tan magna homenajeada.

El “fuera de lugar”: intentar denigrar la profesión que Gustafson defendió tan vehemente y la formación que reclamaba para la Universidad. Y lo hizo repitiendo varias veces dos argumentos tan peregrinos como falsos: que Gustafson estudio paisajismo en Versalles, pero enseguida se dio cuenta que necesitaba a otros profesionales (?) y que de todo lo que ella había reclamado “nada era ajeno a esta Universidad”

Para confirmar el primer argumento citó el despacho de Gustafson-Porter, aclarando que Porter es arquitecto. Y no es falso, salvo por un par de detalles: primero, Gustafson se graduó en Versalles en 1979 y se asoció con Porter en 1997, con un largo currículum de obras geniales ya a sus espaladas y, en segundo lugar, es evidente que no conocen la opinión de Neil Porter acerca de la arquitectura del paisaje. Publiqué una entrevista con él en algún número de Cuadernos de Arquitectura del Paisaje, hará unos diez años.

Respecto al segundo argumento, “nada de lo que dijo es ajeno a esta Universidad”, daría para un libro. Y no me apetece ahora. Solo la lamentable defensa de lo que se supone que no es ajeno a esta Universidad, lo aleja años luz de la verdad. Porque si no fuera ajeno a esta Universidad, jamás hubiera contestado así a alguien que, en todo, está a años luz de él.